Por Olivia González Aguilar

Hace poco, estando en una escuela, llamó mi atención su periódico mural y me acerqué a ver las fotos de los niños que se graduaron en este año. El grupo de Kinder luciendo su toga y su birrete (como si se graduaran de la universidad), los de primaria muy formales con su uniforme y los de secundaria también uniformados y con cara de satisfacción.

Reconocí a algunos de los alumnos que han pasado por los procesos de estimulación de la Academia Lógica y tuve ese sentimiento de alegría y tristeza, al mismo tiempo, característico de los padres que ven crecer a sus hijos e ir alcanzando diversas metas.

Después de un rato de gozar las fotos empezó eso que yo llamo “deformación profesional” que consiste en utilizar el enfoque que te da el trabajo que realizas para percibir las situaciones que se presentan, entonces empecé a contar cuántos de esos niños que veía estaban posando para la cámara usando lentes.

El resultado fue algo que ya había notado de un tiempo para acá, cada vez hay más niños que usan lentes desde edades más tempranas. No contenta con notarlo a simple vista me puse a contarlos y encontré los siguientes resultados:

En el grupo de tercero de Kinder de 33 niños 6 de ellos tenían lentes lo cual corresponde al 18%. En sexto de primaria eran 12 de un grupo de 26, es decir el 46% y en tercero de secundaria el porcentaje era 22%, de un grupo de 42, 9 tenían lentes.

Entonces recordé mis años escolares y la reacción que surgía cuando los niños se presentaban a la escuela con sus lentes puestos, todos los motes y burlas de los que eran objeto, que también en aquel tiempo existían aunque todavía no se llamaban bulling. Ahora el usar lentes se está convirtiendo en algo normal y así lo constaté al comentarlo con una directora de Jardín de niños, me dijo que al estar haciendo la evaluación inicial para el nuevo ciclo escolar se encontró con que la mayoría de pequeños presentan problemas visuales que van desde la pérdida de agudeza visual hasta problemas más serios pasando por todos los de movimientos oculares.

¿Qué está ocurriendo?

Para contestar esta pregunta pensemos en un día de vida ordinario para la mayoría de los niños. Se levantan temprano, se visten o los visten, desayunan y se van a la escuela, se pasan la mayor parte del tiempo en el salón, salen un rato al patio, los dos lugares limitados por paredes que no dejan que la vista viaje lejos, lo mismo pasa en la calle y en casa. Ven uno o dos programas de televisión al día y juegan en un dispositivo electrónico por lo menos una hora, si son más grandes usan la computadora para resolver algunas de sus tareas y después insisten en usar el teléfono de algún adulto, si es que aún no tienen uno propio. No tienen tiempo para jugar al aire libre juegos que los hagan tonificar sus músculos incluido entre ellos el músculo ocular.

Ante esta vida sedentaria y que transcurre por varias horas delante de una pantalla el músculo ocular se atrofia porque no tiene oportunidad de moverse, tampoco de hacer enfoques cerca-lejos, pues la pantalla siempre está a la misma distancia, y no requiere de amplia visión periférica porque todavía no hay pantallas que abarquen los 180°. Así cuando el niño llega a la escuela y se le pide copiar del pizarrón, se tarda mucho o se cansa en demasía porque sus ojos no están acostumbrados a moverse. No le gusta leer porque no entiende lo que lee debido a no poder hacer una lectura fluida. Cuando a instancias de los adultos (maestros o papás) por fin se ponen a leer para seguir instrucciones necesitan varios repasos antes de comprender lo que están leyendo.

Ante esta realidad ¿qué podemos hacer los padres?

Desde luego no lo que me dijo una señora cuando le pregunté si su niño veía mucha televisión, me contestó: no mucha sólo como tres horas diarias, en fin de semana un poco más. ¿Y le presta el teléfono para jugar?, la respuesta fue: sólo cuando ya no lo aguanto, lo que ya no quise preguntar fue ¿qué tan seguido pasa esto?

Tampoco es conveniente hacer lo que se ve cada vez más a menudo en los restaurantes:  bebés sentados en su sillita con un atril frente a ellos viendo caricaturas mientras sus papás comen, a veces también metidos en su celular.

Si deseamos que la vista de nuestros hijos funcione bien por el mayor tiempo posible é aquí algunas sugerencias para su cuidado.

Limitar el uso de cualquier tipo de pantallas: computadora, tableta, Ipad, juegos electrónicos, televisión, teléfono. Lo ideal es no exceder la hora y media diaria  sumando el tiempo de utilización de cada una.

Darles a los niños un tiempo diario para que practiquen algún juego o deporte con pelota como ping pong, basquetbol, tenis, frontenis, volibol.

Si los niños son pequeños se pueden poner varios cestos a diferentes distancias y pedirles que encesten pelotas, que avienten y cachen costalitos, que jueguen a botar la pelota contra el piso y contra la pared.

Salir a lugares donde podamos ver cosas distantes.

Jugar a enfocar un objeto que está al alcance de nuestras manos y después otro que está por lo menos a 3 metros de distancia.

Pasar un objeto pequeño delante de los ojos del niño, como a 30 centímetros de distancia y pedirle que lo siga únicamente con los ojos sin mover la cabeza.

Es importante recordar que sólo venimos equipados con un par de ojos que deben durarnos toda la vida, así que ¡a cuidarlos! Y a enseñarles a los niños cómo hacerlo.

La fortaleza en la casa empieza
por Claudia Pinedo

“Sin importar lo difícil que la vida pueda llegar a ser,
siempre habrá algo que puedas hacer y encontrar éxito en ello.”
Stephen Hopkins

Hace poco tiempo, en una plática a padres de familia, una mamá compartió que se dedica a la selección de personal y de un tiempo para acá se le está dificultando encontrar jóvenes con tolerancia a la frustración: cada vez es más común que a la primera dificultad laboral o al primer regaño abandonen el trabajo.

Aquí cabe la pregunta: ¿qué fue lo que estos jóvenes no recibieron durante su etapa formativa? Responder de manera adecuada a esta pregunta permitirá a los padres de familia con hijos pequeños tomar las medidas pertinentes para formar adultos que puedan enfrentar las vicisitudes de la vida con fortaleza y  crecer ante la dificultad.

Desde el punto de vista de los procesos de pensamiento la tolerancia a la frustración se desarrolla a través de enfrentarse a retos: tanto los que piden destreza física como los que requieren de esfuerzo intelectual.

Cuando como padres de familia sobreprotegemos a nuestros hijos no dejando que realicen cosas para las cuales ya están preparados, sin darnos cuenta, estamos mermando su capacidad de resolver problemas. Ejemplos de sobreprotección hay muchos: niños a los que los llevan en carriola cuando ya son capaces de caminar, papás que alimentan en la boca a sus hijos con la excusa de que “coma rápido”, comprarles tenis de velcro para que no tengan que aprender a amarrarse las agujetas, no darles responsabilidades en casa, comprarles todo lo que piden, no dejarlos que se equivoquen, y un largo etcétera.

Entre los alumnos de Academia Lógica encontramos cada vez con mayor frecuencia niños que tienen bajo tono muscular, esto es, poca fuerza. Lo anterior impacta en su capacidad de mantener el equilibrio, su destreza física en general y hace que se cansen rápido de las tareas escolares. Pareciera que esta deficiencia es causada por la vida sedentaria que tienen los niños actuales: pasan muchas horas al día en sillas y sillones.  Como padres de familia es importante asegurarnos que nuestro hijo tiene tiempo diario de ejercicio físico. No es imprescindible que vaya a una clase de deportes, pero sí que el  adulto que lo acompaña durante la tarde juegue con él por lo menos quince minutos diarios a botar la pelota, brincar la cuerda,  trepar, arrastrarse, girar aros, etc. Así como los fines de semana preferir actividades al aire libre que visitas a centros comerciales. También es importante cuidar la dieta de los niños, pues una alimentación con harinas blancas y azúcares disminuye el tono muscular.

Para desarrollar el gusto por el esfuerzo mental, los juegos de mesa son una buena herramienta. En la Academia Lógica recomendamos que por lo menos dos veces a la semana se jueguen en familia. Con frecuencia me preguntan los padres si deben dejar ganar a sus hijos, la respuesta es no: el que tengan la experiencia de perder es una manera de ayudarlos a lidiar con el sentimiento de frustración. Sin embargo también es importante la experiencia de éxito, así  que hay que escoger los juegos en los que sepamos que nuestro hijo nos puede ganar.

Otra manera que tenemos los padres para formar adultos que sepan abrirse camino en la vida y no desistan a la primera dificultad es no sólo hacerlos responsables de actividades específicas: regar las plantas, tender la cama, lavar los platos; sino hacerlos responsables de proyectos completos como el desayuno del sábado,  el postre del viernes, el cuidado de la mascota, las tarjetas de Navidad para la familia, etc. Es decir actividades en las que se involucre en todo el proceso: desde decidir qué se tiene que hacer, el material que necesita, comprarlo, elaborarlo, limpiar y entregarlo.

Para formar adultos con la capacidad de enfrentar y resolver problemas, con la fortaleza necesaria para hacer frente a las vicisitudes de la vida, es importante no perder de vista que el trabajo de los padres de familia es alentar y acompañar a sus hijos en el desarrollo de sus habilidades, no resolver sus retos.

A continuación encontrará una receta para hacer trufas. Se puede utilizar como un proyecto que su hijo realice para regalar en Navidad.  Lo ideal es que pueda hacer el procedimiento completo sin ayuda: desde leer la receta, conseguir los ingredientes, elaborar las trufas, limpiar y recoger, así como entregarlas.  A los niños más grandes se les puede pedir que hagan el cálculo de cuánto cuestan los ingredientes necesarios para cada trufa.

Trufas

Ingredientes:

  • 20 galletas María
  • 20 nueces o 125 gramos de nueces sin cáscara
  • 25 gramos de cacao puro
  • 6 cucharadas soperas de leche condensada
  • Granillo de chocolate

Manera de hacerse:

  1. Desmorona las galletas marías y pica las nueces. Mézclalas junto con el cacao y la leche condensada hasta que quede una pasta homogénea.
  2.  Haz bolas del tamaño de una nuez y cúbrelas con el granillo de chocolate.
  3. Mételas al congelador por 1 hora.

LOS ADULTOS DEL MAÑANA
Por Daniel Cárdenas Frías

Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz;
cría a tus hijos, y sabrás cuánto debes a tus padres.

Proverbio oriental

Seguramente al igual que yo alguna vez habrá escuchado la frase “nadie nos enseña a ser padres”, regularmente proveniente de algún padre que se siente desorientado y con dificultades para guiar a su hijo. Y es que ser padre o madre es una de las tareas más difíciles a las que nos podemos enfrentar, pues conlleva la importante y ardua responsabilidad de formar a los adultos del mañana.

En una ocasión hablando con una mamá, me comentaba lo preocupada que estaba porque su hijo había sacado bajas calificaciones en la escuela, “no sé qué estoy haciendo mal” –me dijo. Al preguntarle más al respecto me comentó que su hijo es muy listo y brillante, pero que le cuesta trabajo poner atención y se distrae con facilidad. Ante esto le pregunté: ¿Por qué quiere que su hijo saque buenas calificaciones? “¡Para que sea muy listo y brillante!” –exclamó, pero… ¿no me dijo que ya lo es? –pregunté.

Durante varios años he trabajado y conversado de manera habitual con gran cantidad de padres de familia, todos con dificultades y preocupaciones similares respecto a sus hijos, sin embargo la mayoría desde una perspectiva muy inmediatista, buscando resolver el aquí y ahora pero sin percatarse y preocuparse por el futuro.

A muchos padres les preocupa que sus hijos saquen buenas calificaciones, pero no les preocupa fomentar el gusto y el aprecio por el conocimiento. Les preocupa que sus hijos se porten bien, pero no fomentan el afecto y el vínculo con la comunidad. Mientras solamente se busque resolver los problemas del día a día pero sin una claridad de a dónde queremos llevar a nuestros hijos, difícilmente se podrán adoptar los recursos y herramientas necesarias para educarlos y guiarlos de manera eficiente.

Una de las funciones más importantes como padres de familia es dotar a los hijos de recursos y herramientas para afrontar los diversos retos que la vida adulta les demandará, en los aspectos laborales, familiares, sociales, etc. La mejor manera de asegurar que nuestros hijos podrán responder eficientemente ante todos estos retos es formar en ellos las tres características del adulto libre y responsable: autonomía, autosuficiencia y autocracia.

  1. Autonomía significa que el movimiento emerge directamente de uno mismo, se cuenta con una motivación intrínseca, por lo que no se requiere de ser correteado o manipulado para actuar.
  2. Autosuficiencia significa que se tiene la capacidad de generar o conseguir los recursos necesarios para mantenerse y subsistir, lo que nos convierte en un ser independiente.
  3. Autocracia es la capacidad de establecer un gobierno propio, la persona con esta cualidad es un ser auto dirigido, que conoce hacia dónde va y qué desea.

La tendencia en los niños para adquirir estas cualidades es algo innato por naturaleza, sin embargo no se desarrollan por sí solas, es responsabilidad de los padres cultivarlas.

Es natural que como padres queramos darle lo mejor a nuestros hijos, todas aquellas cosas que a lo mejor nosotros en nuestra niñez no pudimos tener. Sin embargo, al hacerlo se corre el grave riesgo de no dejar crecer la valiosa cualidad de la autonomía, pues al tenerlo todo, el niño no necesitará esforzarse y la motivación en él simplemente no nacerá.

Es muy probable que por lo mucho que conocemos a nuestros hijos fácilmente podamos adelantarnos a sus gustos y necesidades, eso nos lleva a cometer el error de pensar y decidir por ellos, con lo cual podemos frenar el desarrollo de su autocracia, formando adultos renuentes a tomar decisiones, postergándolas o pasando la responsabilidad a terceras personas.

Como padres también tenemos la responsabilidad de cuidar y velar por la seguridad de nuestros hijos, sin embargo, cuando exacerbamos estos cuidados y los sobreprotegemos, lo más probable es que tengamos hijos dependientes y temerosos, que difícilmente podrán ser autosuficientes en la vida adulta. Por tal motivo es necesario dejarlos realizar aquellas actividades que ya están en edad de hacer, dejarlos resolver diversas situaciones de su vida cotidiana aun con la posibilidad de que se equivoquen, pues como adultos entendemos que también de los errores se aprende. Dejémoslos que exploren el mundo por sí mismos, mundo en el cual tarde o temprano, tendrán que buscar su propio camino.

El destino de nuestros hijos es crecer y convertirse en los adultos del mañana, de los padres depende la clase de adultos que serán. Nuestra mayor responsabilidad es no hacerlos lisiados mentales, personas con posibilidades infinitas de transformar la realidad pero sin ningún interés y motivación de hacerlo.

Hay un mundo esperando la valiosa aportación de nuestros hijos, el cual necesita que tomen su lugar y nos deslumbren con sus sueños y talentos, y lograr que a través de su aportación podamos construir un mundo mejor. Es el deseo de este artículo despertar el anhelo y deseo de desarrollar a nuestros niños, no sólo como padres, sino como abuelos, tíos, hermanos, maestros, directivos, ya que la responsabilidad es de todos.

Sólo entonces tendremos la confianza y tranquilidad de que hemos formado hijos fuertes e independientes, con todas las herramientas necesarias para abatir cualquier situación que el futuro les presente, conscientes de que tal vez no les dejemos grandes fortunas o herencias materiales, pero si les hemos dejado la magnífica e invaluable capacidad de valerse por sí mismos.

Prácticas para desarrollar la autonomía:

  • Fomentar sus gustos e intereses acercándole libros o revistas de diversos temas, realizar junto con él experimentos científicos, recetas de cocina, manualidades, trucos magia, etc.

Prácticas para desarrollar la autosuficiencia:

  • Entregarle una responsabilidad en casa en beneficio de la familia y supervisar su cumplimiento. Por ejemplo, mantener un área de la casa limpia, cuidar las plantas, hacer el postre del fin de semana, etc.

Prácticas para desarrollar la autocracia:

  • Hablar con él sobre las normas y límites existentes en casa y en la escuela, reflexionar sobre la importancia de que existan y sus beneficios. Analizar los diversos eventos y situaciones que se le presentan en su día a día y pedir que nos dé su opinión al respecto.  

Los referentes
por Jorge Pinedo Rivera

En una ocasión le hice la siguiente pregunta a una adolescente de primero de preparatoria: “Un corredor para calificar a las Olimpiadas por lo menos requiere recorrer los 100 metros planos en 10 segundos. ¿Cuál es su velocidad en kilómetros por hora?”  Después de hacer sus cálculos me dice: “Su velocidad por hora es de tres mil seiscientos kilómetros”.

Este hecho indica que esta joven no tiene idea de lo que significa ir a la velocidad de 3,600. km. por hora, pues ni siquiera un Concord va a esa velocidad. Tampoco de lo que es un kilómetro: las magnitudes lineales no le significan.

¿Esto qué implica? Que la matemática no le será un instrumento de ayuda. Que ella misma no podrá convertirse en autocontrol de sus propias deducciones. Poder traducir la realidad a números y sus relaciones, y viceversa,  no estará a su alcance.

No deja de ser una joven inteligente, pero la carencia de referentes que pueda cuantificar le impedirá la comprensión y la aplicación de esta ciencia exacta.

¿Qué es un referente?

Un referente es algo familiar hacia lo cual nos remitimos para que un dato llegue a tener significado, cuando lo comparamos ante él. En este punto cualquier cosa que pueda significar algo puede tomarse como referente. La cantidad de agua que guarda el vaso que habitualmente utilizo para beber, la longitud de uno de mis cuadernos, el tiempo que generalmente tomo  para recorrer la distancia de la casa al supermercado, o al parque, el número de cuadras que tengo que caminar de la casa al paradero más cercano, etc., pueden ser tomados como referentes. Así, puedo decir: “la rapidez  y cantidad de agua que sale de la llave del patio con lo cual puedo llenar 20 vasos de agua en diez segundos”, esto dará la idea de la magnitud del chorro. O bien, si planteamos: “hoy hice el trayecto del paradero de autobuses a mi casa en cinco minutos” nos puede dar idea de la velocidad en que vamos. Si digo: “la distancia de la escuela a mi casa es similar a 20 veces la distancia del paradero de autobuses a mi casa” daré la idea de la distancia en que se encuentra mi casa de la escuela, etc.

Formar referentes en la mente del niño y joven es un punto clave para que se pueda llegar a comprender la matemática. De otra forma se dudaría si verdaderamente pudo descubrir o construir el conocimiento de esta ciencia.

La imaginación es clave para poder construir referentes

Si yo deseo construir un referente debo anclar su imagen en mi pensamiento, lo cual se logra cuando uso la imaginación para eso.

Uno de los primeros referentes que debo construir en mi pensamiento es determinar una cantidad que me sirva como patrón de medida. Se puede tomar un objeto cualquiera como pudiera ser un popote, y preguntarle al niño, cuántos popotes crees que mida esta mesa y después corroborar. Una vez hecho esto pedirle al niño que cierre los ojos y que se imagine paso a paso lo que se hizo para medir la mesa en popotes. Posteriormente, solicitarle que diga cuántos popotes tomados a lo largo se necesitan para medir su cama y de nuevo solicitarle que en su imaginación repita la operación de medición que se efectuó. Posteriormente aplicar este ejercicio de medición con popotes a otros objetos, como pudiera ser el alto de una silla, lo largo de su recámara, lo largo de la puerta, de su zapato, de algunas de sus prendas de vestir, etc. Sin olvidar nunca de que una vez que físicamente lo haya hecho proceda a cerrar los ojos y que se imagine cada paso del proceso de medición. Con esto se puede decir que ha establecido un referente de medición en su pensamiento, lo que le ayudará a que cualquier cantidad de popotes alineados a lo largo tenga sentido para él. Realizar este ejercicio sin proceder posteriormente a la fase de la imaginación será de nula eficacia, lo importante es que imagine, imagine e imagine.

Sólo y únicamente a través de la imaginación se podrán  instalar en nuestro pensamiento los referentes.

Juego sugerido: STOP

Actividad:

1. Marcar en el piso con un gis, un círculo de aproximadamente 80 cms. de diámetro. En el centro del círculo dibujar un círculo más pequeño y escribir dentro de él la palabra “Stop”.

2. Dividir el círculo en el número de jugadores que vayan a participar en el juego. Por ejemplo, en caso de que sean 6 los jugadores que vayan a participar, el círculo deberá verse de la siguiente manera:

3. Cada participante escogerá el nombre de algún país, no puede haber nombres repetidos.

4. Una vez escogido el nombre, se escribirá uno en cada segmento del círculo.

5. Entre todos los participantes escogerán al jugador que dé inicio. El jugador asignado tendrá que poner el pie en el “Stop” y decir lo siguiente: “Declaro la guerra en contra de mi peor enemigo que es …” tendrá que decir el nombre de alguno de los países que se escogieron y echarse a correr junto con los demás participantes. El único que no debe correr es el participante que lleva el nombre del país que se dijo, dicho participante tendrá que poner el pie en el “Stop” y decir ”stop”, en ese momento los jugadores que echaron a correr tendrán que parar.

6. El participante que dijo “stop”, escogerá a algún jugador y dirá la distancia que hay entre el círculo y uno de los participantes. La distancia tendrá que ser contabilizada con objetos, por ejemplo: 5 raquetas, 10 aros, 7 cuadernos, etc.

7. Se mide la distancia con el objeto asignado y se comprueba la respuesta. Si es exacta o le falta o le sobra una unidad gana quien calculó y el otro jugador tiene un punto malo. Si no es exacta, se pasa o le falta más de una unidad quien pierde el jugador que calculó y el punto malo es para él.

El jugador que haya ganado será el siguiente que “declare la guerra”.

Ideas para favorecer la memoria
por Olivia González Aguilar

La memoria es la capacidad de fijar experiencias, reconocerlas y evocarlas. Es sabido que una buena memoria facilita el desempeño escolar, sin embargo en ocasiones se piensa que hay problemas para memorizar cuando en realidad la falla tiene otro origen.

Uno de los factores que pueden estar afectando a la memoria es la falta de atención a problemas en los sentidos, una miopía sin lentes o un problema auditivo no atendido, por ejemplo. También relacionado con los sentidos se encuentra el que el niño viva en un ambiente tan restringido que le impida tener muchas y muy variadas experiencias sensoriales.

Otro factor que vulnera la memoria son los sentimientos de angustia y ansiedad. Esta es la razón por la cual padres de familia que estudiaron con sus hijos y comprobaron que se sabían los temas, cuando ven los resultados del examen se dan cuenta que el niño no contestó cosas que se sabía la tarde anterior. Para ayudar a los niños a manejar el estrés es conveniente dedicarles tiempo antes de llevarlos a dormir: ponerles música suave, enseñarles a respirar profundamente, leerles con voz pausada y hacerles un masaje (en las librerías se pueden encontrar libros de masajes para niños).

La memoria auditiva es de importancia fundamental para el aprendizaje de las tablas de multiplicar, así como para adquirir un segundo idioma. Para favorecerla se recomienda enseñarle al niño coplas, adivinanzas, juegos de palmadas y juegos con canciones.

Como catalizadores de la memoria tenemos el interés, la repetición y la intensidad. Esto quiere decir que guardaremos más fielmente aquello que nos divierte, que nos produce un estado de bienestar, (o lo que está en el extremo contrario, nos enoja y molesta), lo que hacemos en varias ocasiones y que constituye un estímulo fuerte. Así se explica el por qué los niños pueden aprenderse todos los nombres de los personajes de sus caricaturas favoritas pero no pueden hacerlo con las capitales o las tablas de multiplicar.

De lo anterior se deduce que la memoria puede incrementarse a través de juegos en los que varios miembros de la familia se diviertan en grupo. En esta ocasión deseamos compartirles un juego de mesa sencillo que desarrolla la memoria visual.Conos para memoria visual

Material:

  • Cucuruchos de papel para tomar agua o vasos de plástico opacos.
  • Juguetes u objetos pequeños que quepan en los vasos.
  • Fichas de plástico o frijoles

Desarrollo:

  • Colocar tres juguetes sobre la mesa y tapar cada uno con un cono.
  • Inicia el jugador más joven. Debe decir qué juguete hay debajo de cada cono y levantarlo para cerciorarse de que es correcto. Si lo hace bien se ganará un punto representado por una ficha o frijol, si se equivoca no ganará puntos. Continúa el jugador a su derecha.
  • Una vez que todos los jugadores tuvieron un turno se colocará otro juguete y se tapará con un cono.
  • El juego continúa aumentando un objeto cada vuelta.
  • El juego termina cuando ninguno de los participantes diga qué objetos hay debajo de los conos.
  • El jugador que haya obtenido más puntos será el ganador.

 

Por Ana Delia Rubio Villagrán,
miembro del consejo directivo de la Academia Lógica 

Una habilidad indispensable en la vida es la capacidad de resolver y actuar correctamente en problemas cotidianos o escolares. Son muchas las habilidades que intervienen en la resolución de  problemas hipotéticos o de la vida cotidiana: organizar la información, visualizar sus interrelaciones,  proyectar soluciones, etc.

Todas estas habilidades se pueden cultivar y practicar. Cuando a un niño o joven se le presentan situaciones a resolver, naturalmente va a desarrollar las habilidades necesarias para poderlas manejar. En cambio, si no se le da oportunidad de resolverlas por sí mismo sus habilidades quedarán disminuidas.

En una ocasión le reportaba a una mamá que los procesos de pensamiento de su hijo, quien en ese momento estaba cursando el último año de primaria, ya le permitían resolver problemas o acertijos muy complejos, pero ella me comentaba que en la vida real no era evidente, pues su hijo esperaba a que ella le resolviera todas sus dificultades. Por lo cual le pregunté ¿Cómo era un día común para el niño? Me describió: Lo primero que hacemos es que lo levanto, se va a bañar, yo le preparo su toalla, le templo el agua y le dejó listo su uniforme y ropa interior. Baja a comerse el desayuno que ya está servido en la mesa y, mientras, le preparo su cepillo de dientes con la pasta para que se los lave y  subo su mochila y lonchera al coche, no sin antes verificar que lleva todo lo que necesita. Con esta respuesta se hace evidente que su dificultad para resolver problemas, de lo cual se quejaba la mamá, era porque al estar sobreprotegido no se le daba la oportunidad de practicar el resolver cuestiones de la vida cotidiana.

Este ejemplo muestra que cuando se tienen las habilidades pero no se practican, parecieran inexistentes, por ejemplo si sabemos tocar la guitarra pero no lo practicamos y no lo mostramos a los demás, puede que se olvide o que no se enteren los demás de que poseemos dicha habilidad.

Para la resolución de problemas tenemos que acostumbrar a la mente a siempre indagar, observar, organizar la información e integrarla a nuestros esquemas previos, planear y establecer métodos, ser precisos en el lenguaje, no saltar pasos, llevar un hilo conductor de las certezas a las que llegamos, ver cada paso desde diferentes perspectivas o puntos de vista,  etc.

Los juegos o actividades que pueden ayudarnos a desarrollar las habilidades necesarias para resolver problemas son:

  • Que el niño se haga cargo de las actividades de autocuidado y colabore en funciones del hogar, como mantener limpia una zona de la casa, colaborar en la preparación de alimentos, cuidar una planta o a la mascota.
  • Adivinar lo que se compró en la tienda, haciendo preguntas que solamente se contestan con un “si” o “no”, por ejemplo: “¿Es dulce? ¿Es fruta? ¿Es verdura? ¿Es jugosa? ¿Es una hortaliza?
  • Preguntarle ¿Cómo solucionaría un problema específico? Por ejemplo ¿qué harías si llaman por teléfono a tu mamá y ella no está? Lo ideal es que genere 2 o 3 posibles soluciones.
  • Jugar a adivinar el animal en que estamos pensando contestando preguntas que sólo se pueden contestar con “Sí” o “No”.
  • Jugar a encontrar tesoros con pistas sencillas.
  • Juegos comerciales que favorecen este proceso son: Adivina Quién,  Head Banz, Clue (Quién es el culpable)  y Mente maestra (Agilidad mental).
  • Resolver problemas matemáticos de la vida cotidiana: ¿Cuánto gastaremos en esta compra?, ¿Cuánto cambio nos tienen que dar? Generar planes de ahorro para comprarse algo que quieren.

Por Olivia González Aguilar 

En muchas ocasiones creemos que nuestra dificultad para entendernos con los adolescentes se debe a que nuestros valores y juicios ya están fuera de época, o bien, porque ellos conciben que los mayores no tenemos nada que aportarles. Sin embargo hay un elemento frecuentemente olvidado el cual es determinante para que la comunicación con nuestro hijo adolescente sea eficiente: la riqueza, claridad y precisión del vocabulario que usamos.

Cuando el vocabulario es pobre e impreciso se hace muy difícil la comunicación, pues será pobre el análisis y entendimiento de las situaciones, así como la posibilidad de compartir sentimientos e ideas. Así pues, un vocabulario inadecuado puede ser un factor del distanciamiento que el joven puede sentir respecto del adulto y viceversa; por lo cual si deseamos mantenernos en comunicación permanente con nuestros hijos debemos proporcionarles desde pequeños un amplio vocabulario.

Los términos en la comunicación son como los tabiques en una casa. Si contamos con pocos tabiques, la habitación que construyamos será muy reducida. Es pues a través de las palabras como nos explicamos a nosotros mismos y a los demás. Los términos son las alas que nos permiten elevar nuestro espíritu y el medio por el cual podemos analizar y explicarnos el mundo que nos rodea.

Sólo podemos identificar los elementos que conforman un objeto material cualquiera, o bien un aspecto de nuestra existencia, a través de los términos que los describen. Por esta razón, a mayor riqueza de vocabulario corresponderán mayores posibilidades de lograr una vida humana más plena.

Por otro lado, desde un punto de vista práctico, entrar a la vida escolar siendo poseedor de un vocabulario variado, rico y preciso, incrementa las posibilidades de éxito académico. Una de las causas que hacen que algunos niños y jóvenes tengan grandes problemas para comprender la lectura y que sientan poco interés por ella, radica precisamente en la pobreza de su vocabulario.

La etapa propicia para que se forme el vocabulario en el ser humano, es desde que nace hasta los catorce años. Después de los catorce años, disminuye sensiblemente el interés por aumentar el vocabulario y, a partir de entonces, se incorporarán solamente palabras derivadas de los aspectos técnicos que el sujeto vaya aprendiendo.

Por lo cual, los adultos que estamos en contacto con los niños somos los responsables directos de forjar en ellos un vocabulario amplio y preciso. Un error muy común en contra de la riqueza del lenguaje es tratar de adivinar lo que el niño quiere expresar sin darle la oportunidad de esforzarse en encontrar los términos correctos, ni estructurar su idea. Otro error es el uso de “eso”  o “esto” al hablar: “páseme eso”, “me pegué con esto”. Pero quizá el más dañino es el descuido en el valor de las palabras, esto es, usarlas sin que se correspondan con la realidad. Por ejemplo, usar frases no precisas como “espérame un segundo” o “ensuciaste toda la casa”; hacer amenazas falsas: “si te sigues portando así te voy a dejar con el señor policía”;  o  no cumplir el castigo o premio acordados.

Algunas actividades que podemos realizar para desarrollar el vocabulario de nuestros niños son:

  • Leerles por lo menos durante 20 minutos todos los días un texto que les interese.
  • Utilizar siempre los términos precisos para referirse a los objetos, acciones, sentimientos.
  • Antes de hacer una promesa o fijar un castigo estar seguros de que lo cumpliremos.
  • Relacionar las habilidades de lectura y escritura con actividades de la vida cotidiana: hacer listas de compras, dejar recados, encontrar tesoros siguiendo pistas escritas, seguir procedimientos para actividades manuales y recetas. Involucrar a los más pequeños para que se expresen con dibujos o signos.
  • Entusiasmar a los niños en la utilización de sus habilidades de escritura elaborando un libro de cuentos.
  • Escuchar canciones y cambiar a ademanes o acciones lo que dicen, explicar el tema y aquellas palabras que no sean comunes.
  • Hacer glosarios de términos de sus temas favoritos o de contenidos escolares.

El poseer un vocabulario amplio nos da la posibilidad de una comunicación con riqueza y fluidez, estimular la actividad mental produce seguridad y confianza en sí mismo. A continuación se proponen dos juegos para el desarrollo del vocabulario.

Fui de viaje y en mi maleta puse

  1. Los participantes se sentarán formando un círculo. El juego consiste en repetir por turnos la siguiente frase: “Fui de viaje y en mi maleta puse…” dicha frase la tendrán que completar con el nombre de algún objeto, por ejemplo: una sombrilla.
  2. El reto radica en que los jugadores tendrán que recordar qué dijeron los demás participantes en cada turno, ya que deben repetir todo lo dicho antes agregando el nombre de un nuevo objeto. Por ejemplo, el segundo jugador dirá: “fui de viaje y en mi maleta puse una sombrilla y unas sandalias”; el tercero: “fui de viaje y en mi maleta puse una sombrilla, unas sandalias y una pelota”, y así sucesivamente.
  3. El jugador que olvide alguno de los nombres tendrá que “pasar” pero tiene oportunidad de recordar al siguiente turno.
  4. Para hacerlo más sencillo se pueden emplear piedras, juguetitos o fichas para ir señalando cada artículo que se puso en la maleta, esto facilita recordar los objetos.
  5. Registren cuántos objetos pudieron recordar y traten de superar su récord en los siguientes juegos.

Ganar tarjetas de categorías

  1. Se requiere elaborar tarjetas en cartulina, cada una con el nombre de una categoría, por ejemplo: animales, flores, muebles, países de América, objetos de una papelería, guisos, cosas que hacen un sonido fuerte, deportes, objetos de plástico, nombres masculinos, qué utiliza el albañil, etc.
  2. Revolver las tarjetas y colocarlas boca abajo sobre la mesa.
  3. El juego consiste en ganar el mayor número de tarjetas. Por turnos se levanta una tarjeta y se dicen cinco términos que pertenecen a la categoría, por ejemplo se levanta la tarjeta de colores y se dice: rojo, amarillo, verde, café, morado; con esto el jugador gana la tarjeta, se continúa tomando tarjetas mientras transcurre un minuto y medio con lo cual finaliza el turno.
  4. La duración del juego se puede establecer en ganar un número de tarjetas, después de un número de turnos o hasta terminarlas todas. Quien haya acumulado más será el ganador.
  5. Registren el número de tarjetas que ganó cada jugador y traten de superar sus récords personales en los siguientes juegos.
  6. Para los más pequeños se puede pedir que nombren sólo tres objetos y poner categorías sencillas.

Recuerde: todo el tiempo que se invierte en la infancia de nuestros hijos en actividades para el desarrollo de sus habilidades, es un tiempo que reditúa en la adolescencia.

Por Oriana Sánchez Iriarte 

En la actualidad es común que los padres busquemos un sistema escolar y actividades después de clases que ayuden a nuestros hijos a adquirir las habilidades y conocimientos que necesitan. Nuestros hijos asisten a clases y además a programas deportivos, y artísticos. Estas actividades cumplen una función y son de beneficio. Es frecuente también que los muy pequeñitos, antes de la etapa escolar, asistan a programas de estimulación. ¿Qué puede ocurrir? Si sumamos estas actividades a las tareas escolares encontramos que queda poco tiempo para el juego.  Además,  los padres podemos dejar en manos de especialistas el desarrollo y la estimulación de los pequeños, olvidando el importante papel que tenemos como formadores de nuestros hijos, no sólo en normas de conducta, sino en habilidades necesarias para la vida.

La mayoría de los padres no se dedican a la educación, la pregunta a responder sería ¿cómo puede un padre que no tiene conocimiento específico del desarrollo del niño ayudar a su hijo con actividades de estimulación? La respuesta a esta pregunta sería: a través de la observación de su la conducta de nuestros hijos y propiciando espacios de juego.

Existe un mecanismo natural, una adaptación biológica de nuestro cerebro que nos lleva desde pequeños a repetir aquellas conductas que es importante que dominemos, que necesitamos adquirir. Vemos así a los bebés esforzándose por llegar al juguete, encontrado un medio de traslado para alcanzarlo, insistiendo en dominar su precario equilibrio sujetándose a los muebles. El comentario general para referirse a estos pequeñitos es: “¡Es que no para!, ¡parece que no se cansa!”. Esta determinante del desarrollo puede ayudarnos a volvernos expertos en el desarrollo de nuestros hijos, a través de la observación y de espacios donde nuestros pequeños puedan actuar bajo nuestro cuidado.

De esta forma aquella conducta que nuestro hijo está repitiendo, aquel juego que no se cansa de jugar, la canción que pide muy seguido, la  pregunta constante, es lo que su pensamiento le está pidiendo que domine. Observándola, comprendiéndola, podemos propiciarla en el momento adecuado. El centro comercial lleno de gente durante el fin de semana no es el mejor sitio para jugar a no pisar rayitas pero sí puede serlo el parque, el patio de la abuela, el camino poco transitado hacia la tienda.

Este mecanismo en los niños mayores estará matizado por el interés que tienen en una actividad y en la dificultad que ésta representa. Entonces habrá que poner las condiciones para que nuestros hijos desarrollen habilidades: asegurarnos que tienen tiempo libre, que cuentan con los materiales necesarios, por ejemplo, hacer una manualidad o preparar el postre de la comida familiar. En caso que el niño pida apoyo, darlo al principio y retirarlo poco a poco una vez que se sienta más seguro para realizarlo. A veces caminar por una banqueta, usándola como barra de equilibrio, puede ser un reto muy grande, pero si papá ofrece la mano se puede volver más manejable, con la práctica puede que sólo necesite estar cerca para ayudar en un traspié.

Observar e involucrarnos en los juegos de nuestros hijos nos dice mucho de su desarrollo, de sus preocupaciones, de su personalidad, incluso de nuestra propia conducta como padres. Es común escuchar a una nena reprendiendo a la muñeca de la misma forma que lo hacemos con ella. El juego es un espacio donde las preocupaciones, los retos, los temores se vuelven manejables, los abordamos y superamos, es un momento de ensayo de habilidades sociales, de imaginación. La mayoría de los niños cambian la televisión gustosos por un rato de juego acompañados de sus padres.

Que nuestros hijos pasen una hora al aire libre jugando, dominando alguna actividad motriz, acompañados por nosotros constituye un espacio de estimulación invaluable. Al ser constante esta estimulación puede tener efectos notorios en su desarrollo.

Este tiempo además tiene un efecto positivo en la relación con nuestros hijos el pasar tiempo juntos, al conocerlos, al apreciar sus logros, al reconocer sus esfuerzos. Estarán más anuentes a darnos esa media hora que requerimos para terminar una labor si antes ya hemos pasado tiempo de calidad con ellos.

En ocasiones, el ajetreo de la vida diaria, la necesidad de que ambos padres se integren al trabajo remunerado, puede dejarnos poco tiempo. Entonces tendremos que aprovecharlo al máximo. Las tareas cotidianas también brindan oportunidades valiosas de estimulación. Es común encontrar que los pequeños quieren ayudarnos con tareas como lavar los trastes, preparar algún alimento. Si les brindamos el espacio aprenderán a hacerlo y dominarán habilidades importantes. Estarán también en condición de prestar una valiosa aportación a la familia.

En Academia Lógica nos interesa rescatar el papel que tenemos los padres, la importante influencia como educadores y formadores de nuestros hijos.

Algunas sugerencias para empezar pueden ser con juegos de equilibrio, habilidad motriz importante y que tiene repercusiones en varias actividades.

Sugerencia de secuencia de actividades para desarrollo del equilibrio

  • Caminar de puntitas y talones
  • Caminar hacia atrás
  • Saltar con dos pies.
  • Caminar de rodillas
  • Caminar sobre una línea en el piso
  • Pararse en un pie
  • Saltar en un pie
  • Caminar con un objeto en la cabeza
  • Caminar en una banqueta como barra de equilibrio: frente, de lado, atrás.
  • Jugar al avión
  • Caminar con zancos
  • Llevar una pelota en una cuchara tomándola con la mano, o con la boca.
  • Ejercicios de yoga como “El árbol”

Nadie conoce a tu hijo como tú. Tú puedes ser el experto en su desarrollo.

Por Olivia González Aguilar

Hace algunos días platicando con mis hermanos y algunos amigos nos estuvimos acordando de los juegos de nuestra infancia.

En aquel lejano tiempo no existían tantos juguetes como los que hay actualmente, por lo que cualquier cosa que llegara a nuestras manos se convertía,  gracias a la magia de la imaginación compartida, en lo que nos hacía falta para el juego. Así un palo de escoba podía ser el caballo, cuando jugábamos a los vaqueros; o era la puerta de la casa, que abríamos para dejar pasar a los amigos que venían de visita; o el remo para pasear por el lago, en fin, su versatilidad era infinita.

Teníamos mucho tiempo para jugar porque aunque asistíamos a la escuela en el turno discontinuo (de mañana y tarde) la tarea era casi nula y en cuanto se terminaba el horario escolar se organizaban los grupos para jugar: a la roña, al escondite, al bote pateado, a los hoyitos (cuando teníamos ganas de correr), a darnos vueltas en los volantines, brincar la cuerda, trepar árboles, y cuando la actividad era más tranquila: a la matatena, a las canicas, al trompo, a la casita.

Comparando esto con las actividades que hicieron nuestros hijos y las que actualmente realizan nuestros nietos nos damos cuenta del abismo que existe entre las diferentes épocas que las generaciones han vivido. Esto no quiere decir, como ya muchos estarán pensando, que estoy defendiendo aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”, porque no es esa mi intención, lo que deseo que hagamos es una reflexión acerca de la manera en que se ha modificado la forma en que vivimos y las repercusiones que esto tiene en el desarrollo de las personas.

Recordando la teoría de los cuatro procesos de pensamiento del ser humano, que ya se ha mencionado en otros artículos y que constituye la esencia de nuestro trabajo en Academia Lógica, sabemos que el primer proceso de pensamiento es la Lógica sensible, es decir, el conocimiento del mundo que llega a mí a través de mis sentidos. En cuanto empiezo a captar el mundo que me rodea, me intereso en interactuar con el ambiente y a tener dominio sobre él, para esto necesito que mis sentidos funcionen adecuadamente para que la información que me proporcionan corresponda a la realidad y además contar con las habilidades que me permitan manipular objetos para modificarlos en su forma o posición. Podemos inferir entonces que requiero del dominio de mi cuerpo  y esto significa tener la fuerza adecuada a la actividad que voy a realizar, como decía un maestro Zen “la fuerza para romper un ladrillo y la delicadeza para tomar a una mariposa por las alas sin lastimarla”.

Requiero también tener equilibrio para poder estar en la posición más adecuada de acuerdo a la actividad que voy a realizar y poder abstraerme de la atención a mi postura para centrarla en el objeto de mi estudio. ¿Cómo adquiero estas habilidades? La respuesta a esta pregunta es: a través de la práctica. Pensemos ahora si nuestros niños están teniendo la suficiente práctica como para aprender a dar marometas, brincar de cojito, andar en bicicleta.

Como ya mencionamos al inicio, en generaciones pasadas se tenían oportunidades para practicar y lograr la adquisición de todas estas habilidades, pero actualmente los niños viven de manera muy diferente, ya no pueden salir a jugar a la calle, generalmente no tienen varios hermanos, ni primos con los que convivan de manera regular, los juegos al aire libre se han cambiado por juegos electrónicos usando pantallas, es difícil encontrarnos en lugares abiertos, etc. Todo esto nos ha llevado a dejar de lado la estimulación a través del juego y del ejercicio que antes se daba de manera natural y esta omisión está ocasionando que en el primer proceso de pensamiento queden deficiencias que se traducen en dificultades para concentrarse, poner atención y memorizar, al tiempo que afecta  el desarrollo de procesos de pensamiento más sofisticados.  ¿Qué podemos hacer para contrarrestar esta realidad y dar a nuestros hijos la oportunidad de desarrollarse plenamente?

Aquí van algunas ideas:

  • Darle prioridad al ejercicio, por lo menos media hora todos los días de preferencia antes de hacer la tarea.
  • Dejar el coche unas cuadras antes del lugar al que vamos para tener la oportunidad de caminar juntos y aprovechar esta actividad para ir brincando de cojito, caminando sobre una línea, caminar sin pisar líneas o cualquier otro juego que se nos ocurra y que ayuda a estar atentos y a coordinar nuestro cuerpo.
  • Inscribirlos a una actividad física o deporte como karate, natación, baile, basketbol o gimnasia.
  • Asistir a los lugares que tienen juegos para trepar, saltar, deslizarse, rodar.
  • Andar en bicicleta (sin rueditas), saltar la cuerda, patinar.
  • Jugar juegos de fuerza por ejemplo “quién empuja más”, o “carretillas”
  • Colgar del techo una pelota y pegarle con la mano, una raqueta o un bat.
  • Tener siempre a su alcance una pelota para botarla contra el piso y la pared y una cuerda para saltar.

 

por Ma. Olivia González Aguilar

El mundo que conoce y en el que se desenvuelve una generación es muy diferente al que vivió la generación anterior, esto es más cierto en estos últimos años en los cuales la ciencia y la tecnología han hecho que las ideas, los diferentes entornos en los que se desenvuelve una persona y el tipo de instrumentos a los que tiene acceso sean abismalmente distintos. Sin embargo el tipo de educación que reciben los niños y jóvenes no ha evolucionado al mismo ritmo y debido a esto cuando les llega el momento de elegir la actividad a la que se dedicarán nos encontramos con jóvenes desorientados y angustiados por no saber hacia dónde dirigirse.

Elegir carrera es una de las decisiones más trascendentes que harán en su vida;  de ella dependerá en qué ocuparán la mayor parte de su tiempo, cómo financiaran sus necesidades y  qué aportaran a los demás.  Esta decisión, aunque se hace en una etapa temprana de la vida y  por ende sin experiencia, condicionará nuestro futuro, pues en buena medida dependerá de ella su realización,  éxito y  felicidad.

En Academia Lógica atendemos a jóvenes que al llegar a la etapa de elegir una profesión no saben qué hacer y piden un estudio de orientación vocacional para que sea otra persona la que les diga lo que deben estudiar. Generalmente la pregunta es: ¿para qué soy bueno?

Estos jóvenes vienen acompañados, casi siempre, de padres angustiados por la decisión que sus hijos tomen.

Para que esta desorientación se dé inciden varios factores entre los que mencionaremos:

  • Las dificultades que han enfrentado en sus estudios anteriores, así escuchamos planteamientos cómo “quiero una carrera donde no se necesiten las matemáticas”.
  • Los prejuicios sociales o individuales y las metas que queremos alcanzar con nuestra actividad laboral. Por ejemplo: “no quiero estudiar lo mismo que mis papás”,” mis padres tienen un negocio que a mí no me gusta”, “yo quiero una carrera en donde gane mucho dinero”.
  • El desconocimiento de las nuevas carreras que ofrece el mercado. En esta época hemos visto desaparecer oficios y profesiones que antes eran necesarios y en la actualidad, por diversas razones, ya no lo son. De igual manera en las universidades existen ofertas para estudiar en campos antes inexistentes y a la par los oficios nuevos se han multiplicado.
  • La falta de experiencia práctica en aportación. Cuando nunca se ha realizado una actividad no sabemos si tenemos la habilidad y el gusto por ella.
  • La falta de información de todos los factores que deben conjuntarse para elegir correctamente a qué me quiero dedicar.

La plática inicial del proceso de orientación, que de manera gratuita se da a toda la familia,  habla de la misión, la vocación y la profesión, no únicamente de esta última y en ella se analizan todas estas áreas y sus implicaciones para que el joven reflexione y de respuesta a preguntas como: ¿Qué quiero aportar a la comunidad?, ¿qué es una misión y cuál es la mía?, ¿me gustaría dedicar mi vida a lograr estos objetivos?, ¿qué carreras de las que existen actualmente puede dar respuesta a mis inquietudes?, ¿poseo las habilidades, intereses y capacidades para dedicarme a esto?

Al aclarar todos estos puntos la decisión de qué estudiar estará dando respuesta al para qué, al cómo y al dónde, pero ¿por qué esperar hasta que nuestros hijos lleguen a la edad de elegir carrera para interesarnos en su orientación?

Tomar esta decisión se haría de una manera más tranquila y satisfactoria si los padres damos a nuestros hijos, desde pequeños, la oportunidad de probar diversos campos de aportación y les informamos de las profesiones y oficios que hay o que pueden crearse.

Para lograrlo contamos con las actividades de la vida cotidiana que en cualquier hogar se realizan como son:

  • Compras: de víveres, ropa, calzado, artículos escolares.
  • Aseo: personal, de casa, de vestidos.
  • Preparación de alimentos: para consumir en casa o llevarlos a nuestros centros de trabajo u obsequiar a la familia y amigos.
  • Arreglo y cuidado de bienes: acomodar cosas, respetar el lugar asignado, limpiar, forrar.
  • Transporte, entre muchas otras.

Involucremos a nuestros hijos en la realización de estas actividades, no sólo llevándolos con nosotros porque no tenemos con quien dejarlos, sino haciendo que participen en la planeación y ejecución de tareas, por ejemplo: En la cocina tendremos una hoja en blanco y junto un lápiz para que cada uno de nosotros podamos anotar las cosas que requerimos y que debemos comprar la próxima vez que vayamos a la tienda. Esto puede hacerse desde antes que los niños aprendan a escribir porque ellos harán un dibujo que a nosotros puede parecernos un garabato pero que a ellos les dirá cuál es el artículo que necesitamos.

Ahora pensemos en una  empresa y sus diversos departamentos independientemente de su tamaño o del número de personas que trabajan en cada uno, en todas, incluyendo el hogar, encontraremos las siguientes funciones: Compras, almacén, contabilidad, capacitación de personal, mantenimiento y limpieza del inmueble, entre las más necesarias. También tenemos otras necesidades de servicio como: educación y recreación.

En todas estas áreas los niños pueden aportar de acuerdo a su edad e intereses. Haga el ejercicio de anotar actividades que correspondan a cada una de las áreas mencionadas y dé a sus hijos la oportunidad de aportar, así en el momento de elegir profesión ya tendrán la experiencia para saber qué actividades les gustaría realizar.

Escriba en las líneas que siguen a cada área aquellas actividades que pertenecen a ella y que se realizan en casa.

Compras

 

 
Limpieza

 

 
Mantenimiento

 

 
Preparación de alimentos  
Contabilidad

 

 
Almacén

 

 
Entretenimiento

 

 
Otras

 

 

 

A continuación defina las actividades que sus hijos están en posibilidades de realizar y platique con ellos para la asignación de responsabilidades. Para esto se debe tomar en cuenta quién será el encargado y por cuánto tiempo. Es conveniente escribirlo en una cartulina que quedará pegada en la pared a la vista de todos.

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