La observación y el juego, claves para potenciar el desarrollo de nuestros hijos.

Por Oriana Sánchez Iriarte 

En la actualidad es común que los padres busquemos un sistema escolar y actividades después de clases que ayuden a nuestros hijos a adquirir las habilidades y conocimientos que necesitan. Nuestros hijos asisten a clases y además a programas deportivos, y artísticos. Estas actividades cumplen una función y son de beneficio. Es frecuente también que los muy pequeñitos, antes de la etapa escolar, asistan a programas de estimulación. ¿Qué puede ocurrir? Si sumamos estas actividades a las tareas escolares encontramos que queda poco tiempo para el juego.  Además,  los padres podemos dejar en manos de especialistas el desarrollo y la estimulación de los pequeños, olvidando el importante papel que tenemos como formadores de nuestros hijos, no sólo en normas de conducta, sino en habilidades necesarias para la vida.

La mayoría de los padres no se dedican a la educación, la pregunta a responder sería ¿cómo puede un padre que no tiene conocimiento específico del desarrollo del niño ayudar a su hijo con actividades de estimulación? La respuesta a esta pregunta sería: a través de la observación de su la conducta de nuestros hijos y propiciando espacios de juego.

Existe un mecanismo natural, una adaptación biológica de nuestro cerebro que nos lleva desde pequeños a repetir aquellas conductas que es importante que dominemos, que necesitamos adquirir. Vemos así a los bebés esforzándose por llegar al juguete, encontrado un medio de traslado para alcanzarlo, insistiendo en dominar su precario equilibrio sujetándose a los muebles. El comentario general para referirse a estos pequeñitos es: “¡Es que no para!, ¡parece que no se cansa!”. Esta determinante del desarrollo puede ayudarnos a volvernos expertos en el desarrollo de nuestros hijos, a través de la observación y de espacios donde nuestros pequeños puedan actuar bajo nuestro cuidado.

De esta forma aquella conducta que nuestro hijo está repitiendo, aquel juego que no se cansa de jugar, la canción que pide muy seguido, la  pregunta constante, es lo que su pensamiento le está pidiendo que domine. Observándola, comprendiéndola, podemos propiciarla en el momento adecuado. El centro comercial lleno de gente durante el fin de semana no es el mejor sitio para jugar a no pisar rayitas pero sí puede serlo el parque, el patio de la abuela, el camino poco transitado hacia la tienda.

Este mecanismo en los niños mayores estará matizado por el interés que tienen en una actividad y en la dificultad que ésta representa. Entonces habrá que poner las condiciones para que nuestros hijos desarrollen habilidades: asegurarnos que tienen tiempo libre, que cuentan con los materiales necesarios, por ejemplo, hacer una manualidad o preparar el postre de la comida familiar. En caso que el niño pida apoyo, darlo al principio y retirarlo poco a poco una vez que se sienta más seguro para realizarlo. A veces caminar por una banqueta, usándola como barra de equilibrio, puede ser un reto muy grande, pero si papá ofrece la mano se puede volver más manejable, con la práctica puede que sólo necesite estar cerca para ayudar en un traspié.

Observar e involucrarnos en los juegos de nuestros hijos nos dice mucho de su desarrollo, de sus preocupaciones, de su personalidad, incluso de nuestra propia conducta como padres. Es común escuchar a una nena reprendiendo a la muñeca de la misma forma que lo hacemos con ella. El juego es un espacio donde las preocupaciones, los retos, los temores se vuelven manejables, los abordamos y superamos, es un momento de ensayo de habilidades sociales, de imaginación. La mayoría de los niños cambian la televisión gustosos por un rato de juego acompañados de sus padres.

Que nuestros hijos pasen una hora al aire libre jugando, dominando alguna actividad motriz, acompañados por nosotros constituye un espacio de estimulación invaluable. Al ser constante esta estimulación puede tener efectos notorios en su desarrollo.

Este tiempo además tiene un efecto positivo en la relación con nuestros hijos el pasar tiempo juntos, al conocerlos, al apreciar sus logros, al reconocer sus esfuerzos. Estarán más anuentes a darnos esa media hora que requerimos para terminar una labor si antes ya hemos pasado tiempo de calidad con ellos.

En ocasiones, el ajetreo de la vida diaria, la necesidad de que ambos padres se integren al trabajo remunerado, puede dejarnos poco tiempo. Entonces tendremos que aprovecharlo al máximo. Las tareas cotidianas también brindan oportunidades valiosas de estimulación. Es común encontrar que los pequeños quieren ayudarnos con tareas como lavar los trastes, preparar algún alimento. Si les brindamos el espacio aprenderán a hacerlo y dominarán habilidades importantes. Estarán también en condición de prestar una valiosa aportación a la familia.

En Academia Lógica nos interesa rescatar el papel que tenemos los padres, la importante influencia como educadores y formadores de nuestros hijos.

Algunas sugerencias para empezar pueden ser con juegos de equilibrio, habilidad motriz importante y que tiene repercusiones en varias actividades.

Sugerencia de secuencia de actividades para desarrollo del equilibrio

  • Caminar de puntitas y talones
  • Caminar hacia atrás
  • Saltar con dos pies.
  • Caminar de rodillas
  • Caminar sobre una línea en el piso
  • Pararse en un pie
  • Saltar en un pie
  • Caminar con un objeto en la cabeza
  • Caminar en una banqueta como barra de equilibrio: frente, de lado, atrás.
  • Jugar al avión
  • Caminar con zancos
  • Llevar una pelota en una cuchara tomándola con la mano, o con la boca.
  • Ejercicios de yoga como “El árbol”

Nadie conoce a tu hijo como tú. Tú puedes ser el experto en su desarrollo.

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