Las actitudes lógicas

Por Jorge Pinedo Rivera

 En una ocasión se aplicó el Cuestionario de Mecanismos Lógicos en una escuela preparatoria para evaluar a los maestros y totalmente en contra de lo que se esperaba fue el profesor que tenía a su cargo la impartición de la materia de Lógica el que obtuvo el puntaje más bajo. Con esta evidencia la conclusión a la que se llegó fue que este maestro era un buen conocedor de su materia, sabía la historia de cómo se desarrolló la lógica en la humanidad, los pensadores que habían hecho de ella una disciplina y sus contenidos, pero que de manera personal no tenía resueltos los mecanismos lógicos de su pensamiento. Conocía de lógica mas no se había preocupado en adquirir la habilidad de pensar con lógica. Esto es similar a cuando una persona conoce de música, pero no saber tocar algún instrumento musical u otra que sabe mucho de pintura, pero no es pintor y en la escuela se puede comparar al estudiante que aprobó la materia de ética porque la estudió, pero que por otro lado en su vida no la aplica, esto se debe a que no se cultivó en este joven la actitud ética, sólo aprendió los términos con los que se habla de ella.

Para garantizarse la posesión y aplicación de un buen pensamiento lógico en primera instancia se requiere cultivar varias actitudes, siendo algunas de ellas, la actitud hacia la precisión mental, la actitud de discurrir con orden y rigurosidad, la actitud hacia la certeza mental, la actitud hacia la resolución de retos mentales, la actitud hacia un pensamiento crítico. Si no se fomentan estas actitudes será difícil llegar a formar un buen pensamiento lógico.

En este artículo sólo trataremos sobre la actitud de precisión mental. La cual consiste en que hasta que se forme en nuestro pensamiento una imagen clara acerca de determinado tema se podrá tomar por cierta la información que se recibe. Tomemos un ejemplo, es frecuente que un persona que accede al poder diga, “prometo que habrá cambios”, por lo general se da por sentado que serán cambios que favorezcan a los escuchas, nunca se abre la posibilidad de que existan cambios que no sean benéficos. Sin embargo cuando estos últimos se dan no se puede decir que este hombre mintió, simplemente dio información incompleta y nadie le pidió que la precisara. Con lo dicho obtuvo la benevolencia del escucha y cuando los cambios no son favorables ya es difícil que se pueda corregir el rumbo.

Mucha información con la cual estamos continuamente bombardeados actúa de esta manera, deja que la persona sea la que forme la imagen que más le convenga o la que alcance a hacer con los datos disponibles. Que se diga que habrá cambios, no es información precisa que permita formar una idea nítida de cuáles serán, ni con qué sentido y repercusiones se darán.

Con mucha frecuencia se oye comentar a los padres, queremos lo mejor para nuestros hijos, o los estamos formando para que sean hombres de bien, pero mientras no se definan estos conceptos no tendrán una guía clara de hacia dónde se remiten, y cuando los hijos toman rumbos que ellos no esperaban quedan impactados diciendo: “pero si les di la mejor educación ¿qué pasó?” Lo único que sucedió fue que en ningún momento definieron con claridad sus ideas con lo que respecta a lo que se considera lo mejor y a lo que significa ser hombre de bien.

La persona que posee actitud de precisión mental, delinea con claridad en su mente la información que recibe o genera, conoce sus límites y sus alcances, no la mantiene vaga o difusa, no se da el lujo de aceptarla si puede referirse a varias cosas o situaciones, mantiene una actitud objetiva ante los hechos, está atento a que lo que dice o escucha no dé pie a varias interpretaciones, no presupone, y ha experimentado que al no cuidar estos detalles es difícil obtener conclusiones válidas de la información que llega a su pensamiento.

Para mejorar la actitud de precisión, a la vez que para incrementar nuestra precisión mental se sugiere el siguiente ejercicio: cuando no se tiene con claridad el significado de un término en el lenguaje verbal o escrito una forma de esclarecerlo es recurrir al diccionario. Otro ejercicio que se sugiere consiste en tomar un término y escribir la definición que consideramos correcta, una vez hecho esto, hacernos la siguiente pregunta: Si yo diera esta definición a una computadora para que mostrara en pantalla todos aquellos objetos a los cuales puede hacer mención, ¿cuántos daría? Hagamos este ejercicio, si defino el término cama de la siguiente manera: Cama es un objeto que usamos en casa ¿cuántos objetos creen ustedes que la computadora mostraría?, seguramente muchísimos que pueden ser desde un foco, una lavadora, una mesa y así una lista casi interminable de objetos. Esta definición y la respuesta que obtengamos con ella sólo está indicando que no existió precisión para esta palabra.

A los niños, que se encuentran en plena formación de su vocabulario y de formación de sus mecanismos lógicos, hay que hacerles conciencia de que todas las cosas tienen su nombre al igual que cada una de sus partes refiriéndonos a ellas por su nombre correcto.

Hay que pedirles que estructuren sus enunciados de manera clara y completa aunque ya hayamos adivinado que nos quieren decir. Preguntarles si tienen alguna duda acerca de lo que dijimos. Hacer junto con ellos lecturas y permitirles que pregunten si no entienden una palabra, definirla y utilizarla para formar otros enunciados.

Incrementemos nuestra actitud en la precisión, los dividendos que obtendremos personalmente y para nuestros hijos serán de un beneficio invaluable.

 

Juego: La caja misteriosa

Consiga una caja de zapatos y en ella coloque algún objeto sin que su hijo sepa que fue. Pídale que adivine el objeto que está adentro de la caja a través de preguntas que sólo se pueden contestar con un sí o un no. Por ejemplo: ¿Es una prenda de vestir?, ¿Es un juguete?, ¿Está hecho de plástico? Etc.

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