Los adultos del mañana

LOS ADULTOS DEL MAÑANA
Por Daniel Cárdenas Frías

Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz;
cría a tus hijos, y sabrás cuánto debes a tus padres.

Proverbio oriental

Seguramente al igual que yo alguna vez habrá escuchado la frase “nadie nos enseña a ser padres”, regularmente proveniente de algún padre que se siente desorientado y con dificultades para guiar a su hijo. Y es que ser padre o madre es una de las tareas más difíciles a las que nos podemos enfrentar, pues conlleva la importante y ardua responsabilidad de formar a los adultos del mañana.

En una ocasión hablando con una mamá, me comentaba lo preocupada que estaba porque su hijo había sacado bajas calificaciones en la escuela, “no sé qué estoy haciendo mal” –me dijo. Al preguntarle más al respecto me comentó que su hijo es muy listo y brillante, pero que le cuesta trabajo poner atención y se distrae con facilidad. Ante esto le pregunté: ¿Por qué quiere que su hijo saque buenas calificaciones? “¡Para que sea muy listo y brillante!” –exclamó, pero… ¿no me dijo que ya lo es? –pregunté.

Durante varios años he trabajado y conversado de manera habitual con gran cantidad de padres de familia, todos con dificultades y preocupaciones similares respecto a sus hijos, sin embargo la mayoría desde una perspectiva muy inmediatista, buscando resolver el aquí y ahora pero sin percatarse y preocuparse por el futuro.

A muchos padres les preocupa que sus hijos saquen buenas calificaciones, pero no les preocupa fomentar el gusto y el aprecio por el conocimiento. Les preocupa que sus hijos se porten bien, pero no fomentan el afecto y el vínculo con la comunidad. Mientras solamente se busque resolver los problemas del día a día pero sin una claridad de a dónde queremos llevar a nuestros hijos, difícilmente se podrán adoptar los recursos y herramientas necesarias para educarlos y guiarlos de manera eficiente.

Una de las funciones más importantes como padres de familia es dotar a los hijos de recursos y herramientas para afrontar los diversos retos que la vida adulta les demandará, en los aspectos laborales, familiares, sociales, etc. La mejor manera de asegurar que nuestros hijos podrán responder eficientemente ante todos estos retos es formar en ellos las tres características del adulto libre y responsable: autonomía, autosuficiencia y autocracia.

  1. Autonomía significa que el movimiento emerge directamente de uno mismo, se cuenta con una motivación intrínseca, por lo que no se requiere de ser correteado o manipulado para actuar.
  2. Autosuficiencia significa que se tiene la capacidad de generar o conseguir los recursos necesarios para mantenerse y subsistir, lo que nos convierte en un ser independiente.
  3. Autocracia es la capacidad de establecer un gobierno propio, la persona con esta cualidad es un ser auto dirigido, que conoce hacia dónde va y qué desea.

La tendencia en los niños para adquirir estas cualidades es algo innato por naturaleza, sin embargo no se desarrollan por sí solas, es responsabilidad de los padres cultivarlas.

Es natural que como padres queramos darle lo mejor a nuestros hijos, todas aquellas cosas que a lo mejor nosotros en nuestra niñez no pudimos tener. Sin embargo, al hacerlo se corre el grave riesgo de no dejar crecer la valiosa cualidad de la autonomía, pues al tenerlo todo, el niño no necesitará esforzarse y la motivación en él simplemente no nacerá.

Es muy probable que por lo mucho que conocemos a nuestros hijos fácilmente podamos adelantarnos a sus gustos y necesidades, eso nos lleva a cometer el error de pensar y decidir por ellos, con lo cual podemos frenar el desarrollo de su autocracia, formando adultos renuentes a tomar decisiones, postergándolas o pasando la responsabilidad a terceras personas.

Como padres también tenemos la responsabilidad de cuidar y velar por la seguridad de nuestros hijos, sin embargo, cuando exacerbamos estos cuidados y los sobreprotegemos, lo más probable es que tengamos hijos dependientes y temerosos, que difícilmente podrán ser autosuficientes en la vida adulta. Por tal motivo es necesario dejarlos realizar aquellas actividades que ya están en edad de hacer, dejarlos resolver diversas situaciones de su vida cotidiana aun con la posibilidad de que se equivoquen, pues como adultos entendemos que también de los errores se aprende. Dejémoslos que exploren el mundo por sí mismos, mundo en el cual tarde o temprano, tendrán que buscar su propio camino.

El destino de nuestros hijos es crecer y convertirse en los adultos del mañana, de los padres depende la clase de adultos que serán. Nuestra mayor responsabilidad es no hacerlos lisiados mentales, personas con posibilidades infinitas de transformar la realidad pero sin ningún interés y motivación de hacerlo.

Hay un mundo esperando la valiosa aportación de nuestros hijos, el cual necesita que tomen su lugar y nos deslumbren con sus sueños y talentos, y lograr que a través de su aportación podamos construir un mundo mejor. Es el deseo de este artículo despertar el anhelo y deseo de desarrollar a nuestros niños, no sólo como padres, sino como abuelos, tíos, hermanos, maestros, directivos, ya que la responsabilidad es de todos.

Sólo entonces tendremos la confianza y tranquilidad de que hemos formado hijos fuertes e independientes, con todas las herramientas necesarias para abatir cualquier situación que el futuro les presente, conscientes de que tal vez no les dejemos grandes fortunas o herencias materiales, pero si les hemos dejado la magnífica e invaluable capacidad de valerse por sí mismos.

Prácticas para desarrollar la autonomía:

  • Fomentar sus gustos e intereses acercándole libros o revistas de diversos temas, realizar junto con él experimentos científicos, recetas de cocina, manualidades, trucos magia, etc.

Prácticas para desarrollar la autosuficiencia:

  • Entregarle una responsabilidad en casa en beneficio de la familia y supervisar su cumplimiento. Por ejemplo, mantener un área de la casa limpia, cuidar las plantas, hacer el postre del fin de semana, etc.

Prácticas para desarrollar la autocracia:

  • Hablar con él sobre las normas y límites existentes en casa y en la escuela, reflexionar sobre la importancia de que existan y sus beneficios. Analizar los diversos eventos y situaciones que se le presentan en su día a día y pedir que nos dé su opinión al respecto.  

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