Nuestros Ojos

Por Olivia González Aguilar

Hace poco, estando en una escuela, llamó mi atención su periódico mural y me acerqué a ver las fotos de los niños que se graduaron en este año. El grupo de Kinder luciendo su toga y su birrete (como si se graduaran de la universidad), los de primaria muy formales con su uniforme y los de secundaria también uniformados y con cara de satisfacción.

Reconocí a algunos de los alumnos que han pasado por los procesos de estimulación de la Academia Lógica y tuve ese sentimiento de alegría y tristeza, al mismo tiempo, característico de los padres que ven crecer a sus hijos e ir alcanzando diversas metas.

Después de un rato de gozar las fotos empezó eso que yo llamo “deformación profesional” que consiste en utilizar el enfoque que te da el trabajo que realizas para percibir las situaciones que se presentan, entonces empecé a contar cuántos de esos niños que veía estaban posando para la cámara usando lentes.

El resultado fue algo que ya había notado de un tiempo para acá, cada vez hay más niños que usan lentes desde edades más tempranas. No contenta con notarlo a simple vista me puse a contarlos y encontré los siguientes resultados:

En el grupo de tercero de Kinder de 33 niños 6 de ellos tenían lentes lo cual corresponde al 18%. En sexto de primaria eran 12 de un grupo de 26, es decir el 46% y en tercero de secundaria el porcentaje era 22%, de un grupo de 42, 9 tenían lentes.

Entonces recordé mis años escolares y la reacción que surgía cuando los niños se presentaban a la escuela con sus lentes puestos, todos los motes y burlas de los que eran objeto, que también en aquel tiempo existían aunque todavía no se llamaban bulling. Ahora el usar lentes se está convirtiendo en algo normal y así lo constaté al comentarlo con una directora de Jardín de niños, me dijo que al estar haciendo la evaluación inicial para el nuevo ciclo escolar se encontró con que la mayoría de pequeños presentan problemas visuales que van desde la pérdida de agudeza visual hasta problemas más serios pasando por todos los de movimientos oculares.

¿Qué está ocurriendo?

Para contestar esta pregunta pensemos en un día de vida ordinario para la mayoría de los niños. Se levantan temprano, se visten o los visten, desayunan y se van a la escuela, se pasan la mayor parte del tiempo en el salón, salen un rato al patio, los dos lugares limitados por paredes que no dejan que la vista viaje lejos, lo mismo pasa en la calle y en casa. Ven uno o dos programas de televisión al día y juegan en un dispositivo electrónico por lo menos una hora, si son más grandes usan la computadora para resolver algunas de sus tareas y después insisten en usar el teléfono de algún adulto, si es que aún no tienen uno propio. No tienen tiempo para jugar al aire libre juegos que los hagan tonificar sus músculos incluido entre ellos el músculo ocular.

Ante esta vida sedentaria y que transcurre por varias horas delante de una pantalla el músculo ocular se atrofia porque no tiene oportunidad de moverse, tampoco de hacer enfoques cerca-lejos, pues la pantalla siempre está a la misma distancia, y no requiere de amplia visión periférica porque todavía no hay pantallas que abarquen los 180°. Así cuando el niño llega a la escuela y se le pide copiar del pizarrón, se tarda mucho o se cansa en demasía porque sus ojos no están acostumbrados a moverse. No le gusta leer porque no entiende lo que lee debido a no poder hacer una lectura fluida. Cuando a instancias de los adultos (maestros o papás) por fin se ponen a leer para seguir instrucciones necesitan varios repasos antes de comprender lo que están leyendo.

Ante esta realidad ¿qué podemos hacer los padres?

Desde luego no lo que me dijo una señora cuando le pregunté si su niño veía mucha televisión, me contestó: no mucha sólo como tres horas diarias, en fin de semana un poco más. ¿Y le presta el teléfono para jugar?, la respuesta fue: sólo cuando ya no lo aguanto, lo que ya no quise preguntar fue ¿qué tan seguido pasa esto?

Tampoco es conveniente hacer lo que se ve cada vez más a menudo en los restaurantes:  bebés sentados en su sillita con un atril frente a ellos viendo caricaturas mientras sus papás comen, a veces también metidos en su celular.

Si deseamos que la vista de nuestros hijos funcione bien por el mayor tiempo posible é aquí algunas sugerencias para su cuidado.

Limitar el uso de cualquier tipo de pantallas: computadora, tableta, Ipad, juegos electrónicos, televisión, teléfono. Lo ideal es no exceder la hora y media diaria  sumando el tiempo de utilización de cada una.

Darles a los niños un tiempo diario para que practiquen algún juego o deporte con pelota como ping pong, basquetbol, tenis, frontenis, volibol.

Si los niños son pequeños se pueden poner varios cestos a diferentes distancias y pedirles que encesten pelotas, que avienten y cachen costalitos, que jueguen a botar la pelota contra el piso y contra la pared.

Salir a lugares donde podamos ver cosas distantes.

Jugar a enfocar un objeto que está al alcance de nuestras manos y después otro que está por lo menos a 3 metros de distancia.

Pasar un objeto pequeño delante de los ojos del niño, como a 30 centímetros de distancia y pedirle que lo siga únicamente con los ojos sin mover la cabeza.

Es importante recordar que sólo venimos equipados con un par de ojos que deben durarnos toda la vida, así que ¡a cuidarlos! Y a enseñarles a los niños cómo hacerlo.

1 comentario en «Nuestros Ojos»

  1. Olivia: Totalmente de acuerdo con lo que comentas, las cosas han cambiado mucho con relación al tiempo que vivimos cuando eramos niños. A demás de lo que comentas, considero que también la alimentación juega un papel muy importante, porque muchos alimentos no tienen los nutrientes que el cuerpo necesita.

    Felicidades por el artículo. Un fuerte abrazo

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