Preparar para aportar

por Ma. Olivia González Aguilar

El mundo que conoce y en el que se desenvuelve una generación es muy diferente al que vivió la generación anterior, esto es más cierto en estos últimos años en los cuales la ciencia y la tecnología han hecho que las ideas, los diferentes entornos en los que se desenvuelve una persona y el tipo de instrumentos a los que tiene acceso sean abismalmente distintos. Sin embargo el tipo de educación que reciben los niños y jóvenes no ha evolucionado al mismo ritmo y debido a esto cuando les llega el momento de elegir la actividad a la que se dedicarán nos encontramos con jóvenes desorientados y angustiados por no saber hacia dónde dirigirse.

Elegir carrera es una de las decisiones más trascendentes que harán en su vida;  de ella dependerá en qué ocuparán la mayor parte de su tiempo, cómo financiaran sus necesidades y  qué aportaran a los demás.  Esta decisión, aunque se hace en una etapa temprana de la vida y  por ende sin experiencia, condicionará nuestro futuro, pues en buena medida dependerá de ella su realización,  éxito y  felicidad.

En Academia Lógica atendemos a jóvenes que al llegar a la etapa de elegir una profesión no saben qué hacer y piden un estudio de orientación vocacional para que sea otra persona la que les diga lo que deben estudiar. Generalmente la pregunta es: ¿para qué soy bueno?

Estos jóvenes vienen acompañados, casi siempre, de padres angustiados por la decisión que sus hijos tomen.

Para que esta desorientación se dé inciden varios factores entre los que mencionaremos:

  • Las dificultades que han enfrentado en sus estudios anteriores, así escuchamos planteamientos cómo “quiero una carrera donde no se necesiten las matemáticas”.
  • Los prejuicios sociales o individuales y las metas que queremos alcanzar con nuestra actividad laboral. Por ejemplo: “no quiero estudiar lo mismo que mis papás”,” mis padres tienen un negocio que a mí no me gusta”, “yo quiero una carrera en donde gane mucho dinero”.
  • El desconocimiento de las nuevas carreras que ofrece el mercado. En esta época hemos visto desaparecer oficios y profesiones que antes eran necesarios y en la actualidad, por diversas razones, ya no lo son. De igual manera en las universidades existen ofertas para estudiar en campos antes inexistentes y a la par los oficios nuevos se han multiplicado.
  • La falta de experiencia práctica en aportación. Cuando nunca se ha realizado una actividad no sabemos si tenemos la habilidad y el gusto por ella.
  • La falta de información de todos los factores que deben conjuntarse para elegir correctamente a qué me quiero dedicar.

La plática inicial del proceso de orientación, que de manera gratuita se da a toda la familia,  habla de la misión, la vocación y la profesión, no únicamente de esta última y en ella se analizan todas estas áreas y sus implicaciones para que el joven reflexione y de respuesta a preguntas como: ¿Qué quiero aportar a la comunidad?, ¿qué es una misión y cuál es la mía?, ¿me gustaría dedicar mi vida a lograr estos objetivos?, ¿qué carreras de las que existen actualmente puede dar respuesta a mis inquietudes?, ¿poseo las habilidades, intereses y capacidades para dedicarme a esto?

Al aclarar todos estos puntos la decisión de qué estudiar estará dando respuesta al para qué, al cómo y al dónde, pero ¿por qué esperar hasta que nuestros hijos lleguen a la edad de elegir carrera para interesarnos en su orientación?

Tomar esta decisión se haría de una manera más tranquila y satisfactoria si los padres damos a nuestros hijos, desde pequeños, la oportunidad de probar diversos campos de aportación y les informamos de las profesiones y oficios que hay o que pueden crearse.

Para lograrlo contamos con las actividades de la vida cotidiana que en cualquier hogar se realizan como son:

  • Compras: de víveres, ropa, calzado, artículos escolares.
  • Aseo: personal, de casa, de vestidos.
  • Preparación de alimentos: para consumir en casa o llevarlos a nuestros centros de trabajo u obsequiar a la familia y amigos.
  • Arreglo y cuidado de bienes: acomodar cosas, respetar el lugar asignado, limpiar, forrar.
  • Transporte, entre muchas otras.

Involucremos a nuestros hijos en la realización de estas actividades, no sólo llevándolos con nosotros porque no tenemos con quien dejarlos, sino haciendo que participen en la planeación y ejecución de tareas, por ejemplo: En la cocina tendremos una hoja en blanco y junto un lápiz para que cada uno de nosotros podamos anotar las cosas que requerimos y que debemos comprar la próxima vez que vayamos a la tienda. Esto puede hacerse desde antes que los niños aprendan a escribir porque ellos harán un dibujo que a nosotros puede parecernos un garabato pero que a ellos les dirá cuál es el artículo que necesitamos.

Ahora pensemos en una  empresa y sus diversos departamentos independientemente de su tamaño o del número de personas que trabajan en cada uno, en todas, incluyendo el hogar, encontraremos las siguientes funciones: Compras, almacén, contabilidad, capacitación de personal, mantenimiento y limpieza del inmueble, entre las más necesarias. También tenemos otras necesidades de servicio como: educación y recreación.

En todas estas áreas los niños pueden aportar de acuerdo a su edad e intereses. Haga el ejercicio de anotar actividades que correspondan a cada una de las áreas mencionadas y dé a sus hijos la oportunidad de aportar, así en el momento de elegir profesión ya tendrán la experiencia para saber qué actividades les gustaría realizar.

Escriba en las líneas que siguen a cada área aquellas actividades que pertenecen a ella y que se realizan en casa.

Compras

 

 
Limpieza

 

 
Mantenimiento

 

 
Preparación de alimentos  
Contabilidad

 

 
Almacén

 

 
Entretenimiento

 

 
Otras

 

 

 

A continuación defina las actividades que sus hijos están en posibilidades de realizar y platique con ellos para la asignación de responsabilidades. Para esto se debe tomar en cuenta quién será el encargado y por cuánto tiempo. Es conveniente escribirlo en una cartulina que quedará pegada en la pared a la vista de todos.

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